viernes, 7 de enero de 2011

Un árbol muere


Después de deforestar, se siembran nuevos árboles, pero nunca se recupera la diversidad de animales. Una plantación de una o pocas clases de árboles, no da idéntico soporte a tantas formas de vida como lo hace un bosque natural. Estas plantaciones no producirán madera de alta calidad, y mientras que los árboles de los bosques naturales han estado creciendo durante cientos o miles de años, los árboles recién sembrados se cortan apenas unos pocos años después.
La siembra de árboles y su posterior corte, seguido por una nueva siembra y corte, en ciclos contínuos, puede degradar el suelo y el agua. Con frecuencia, el agua arrastra el suelo de las pendientes limpias, lo que hace que el área no sea apropiada para recibir nuevos árboles y, al mismo tiempo, destruye las zonas ribereñas que se encuentran abajo. Las plantaciones también son más susceptibles a las plagas y a las enfermedades. Es frecuente el uso de controles de plagas y de fertilizantes en las plantaciones, lo que también trae aparejados efectos desfavorables para el suelo y el agua.
Las estadísticas indican que han sido destruidos la mitad de los bosques que existían en los años 1950. Los humanos hemos estado destruyendo los bosques por siglos, y la tasa de destrucción ha aumentando tan drásticamente, que algunos de los bosques que lograron sobrevivir a nuestras acciones, no podrán seguir haciéndolo por mucho más tiempo.

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